MÁGICO VIVIR

Tras 120 semanas de puntual cita con la reflexión creativa de este blog, me dispongo a abrir un nuevo ciclo de 22 semanas en el que compartiré episodios transpersonales de mi propia vida. Mi propósito con este “Mágico Vivir”, es transcribir vivencias biográficas que siento cargadas de sincronía y comprensión, vivencias que han precedido a este 2012, en el que uno pasa con humildad y canas, la barrera de los 65.

En esta ocasión y dado el nivel personal de lo que me dispongo a recordar, no deseo suscitar ningún comentario acerca de mi persona, por lo que ruego al lector que se abstenga de hacerlo. Lo que más bien propongo es compartir las posibles resonancias y comprensiones que cada cual pueda sentir, tras el acceso a este blog que abre sin pudor los pliegues de mi ser con total sinceridad.

Gracias por la presencia.

José María Doria
El pozo más profundo

Durante los primeros años del nuevo milenio todo se confabuló para emprender uno de los proyectos que más entusiasmo y entrega han demandado de mi vida. El proyecto era la Escuela Española de Desarrollo Transpersonal.

-“¿Te vas a complicar la vida?”, Leer…

El suicidio de mi hermano
Esta historia está dedicada a mi hermano Alberto, un ser humano que no puedo menos que calificar como “muy peculiar”. Recuerdo que Alberto de pequeño, por las noches tenía una extraña afición consistente en pegarse horas y horas a la ventana mirando las estrellas y haciendo mapas del cielo. En mi caso y como hermano menor le acompañaba en esta afición, pero mirando las ventanas del patio de vecinos por si pillaba alguna chica desnuda.

A los catorce años decía estar en contacto con una entidad dimensional y extraterrestre de nombre Goral, entidad con la cual mantenía comunicación telepática casi constante. Para “hacer contacto” se ponía unas gafas negras y entraba en un estado de quietud. Al poco afirmaba que Goral le enviaba mensajes sobre asuntos del cielo y de la tierra. Leer…

Aroma de rosas desde el más allá
En aquel Madrid del nuevo milenio, mi vida atravesaba una etapa de gran intensidad. Mi consulta privada como psicoterapeuta no sólo resultaba a menudo muy sanadora, sino que además me ofrecía la posibilidad de no dejar de mirar a la sombra humana. Una sombra que tras reconocerla por resonancia en mi interior, trabajaba arduamente en aceptarla e integrarla. Es por ello que ningún aspecto sumergido que hubiera en mi vida, quedaría sin descubrir, enfrentar e integrar.

En este sentido, sucedió que una tarde apareció en mi escena terapéutica el tema del abuelo de mi paciente. Y de inmediato apareció en mi conciencia la figura del mío, José María, es decir, el padre de mi madre. Un ser cuyo recuerdo a nivel familiar ha estado sepultado porque su vida finalizó de forma trágica. José María murió asesinado por sus opositores en una residencia carcelaria de presos políticos. Y si bien este hecho podría haber sido asimilado con dignidad por su familia, en realidad no fue así. Tal vez el dolor que conllevó esa muerte, hicieron que su recuerdo fuera negado y sepultado en el silencio. Leer…

El acantilado iniciático
La vivencia que me dispongo a relatar, sucedió durante mi etapa de peregrino y buscador en la Isla de Tenerife. Una etapa de mi vida en la que sentía un enorme interés por el tema de la “Iniciación” especialmente la que provenía de las raíces teosóficas.

Los escritos de Alice A. Bailey en el seno de la Escuela Arcana acerca de las iniciaciones como proceso y rito de expansión de consciencia, resonaban profundamente en mi persona. En realidad para la cultura egipcia, la “Iniciación” era la culminación final de un proceso de aprendizaje en el que el “iniciado”, era sometido a un conjunto de “pruebas”, pruebas que no sólo le permitían optimizar potenciales insospechados, sino que además representaban para él una experiencia poderosa, a costa incluso de arriesgar su propia vida. Leer…

La noche en que saqué la cabeza de una caja de cartón
Eran tiempos de un entusiasta descubrir. Mi base se encontraba en Madrid y desde allí acercándome a los comienzos del nuevo milenio, todas las señales conducían hacia la realización de un nuevo viaje. En realidad las sincronías parecían señalar a Rishikesh, una ciudad india a los pies de los Himalayas.

Reconocía que tras un ciclo en el que buscando en la Unidad me había retirado del mundo y de los sentidos, me observaba de vuelta abrazando de nuevo a los mismos, al tiempo que también celebraba la vida y a sus múltiples formas por vulgares o “inferiores” que me hubiesen anteriormente parecido. Leer…

Una boda a la medida
Hace unos años, y ya ejerciendo como director de la Escuela Transpersonal, sonó el teléfono, era Angélica. Me comunicó con cierto entusiasmo que se iba a casar, y dado que la ceremonia religiosa tradicional no la emocionaba, me pidió por la amistad que nos unía, si acaso yo podría realizar un ritual sagrado a fin de lograr sentirlo muy dentro y con total consciencia.

-“En realidad ¿qué quieres Angélica?”

-“Quiero que nos acompañes y siembres en nuestra unión semillas de conciencia Doria.”

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El río de la vida
Esta historia real sucedió recorriendo mi segunda vida, una vida de peregrino, buscador y filósofo que residía en un Tenerife mágico y mítico de los años 80. La vivencia del río de la vida tuvo lugar en una época en la que mi mente tenía apetito de información y devoraba todos los libros de conciencia evolucionaria que a mi vida llegaban.

Sucedió que tras ya tres años sabáticos de estudio, oración y meditación, me sentía saturado de conceptos y procesos intelectuales de búsqueda hacia mi esencia. Me había ya desprendido de bienes, gentes y hábitos pertenecientes a mi antigua vida, y tan solo me sentía peregrino sin raíces ni memorias. Intuía que estaba renaciendo a otro programa con distinta jerarquía de valores, y todo ello en el exilio más absoluto que sutilmente representaba aquella bella isla de Tenerife alejada de mi cultura norteña. Leer…

El lama que mordió la manzana

Durante mi período de vida como terapeuta transpersonal en Madrid, sentí el impulso de hacer un alto en mi trabajo y retirarme unos días en los Himalayas. En esta ocasión, mi naturaleza demandaba interiorización y acallamiento del ritmo de trabajo que traía en mi vida cotidiana, razón por la cual, decidí investigar un destino que no ofreciese despistes, al tiempo que tomaba la decisión de hacer un viaje en solitario y en atención plena.

Y dado que era verano, una época de lluvias y monzones en casi toda Asia, me pregunté si habría algún sitio en los Himalayas que no estuviese bajo las lluvias del monzón, para así de noche poder ver las estrellas. Leer…