Escuela Española de Desarrollo Transpersonal
La gestión de la soledad
Por José María Doria
¿Hay mordedura más dura que la del sentimiento de soledad?
Y sin embargo, ¿existe mejor punto que el logrado cuando esa soledad se ve inundada de presencia y se disuelve en la corriente de un gran ahora? Tal vez cuando salimos del recuerdo y del dialogo interior y nos detenemos a degustar el presente por amenazante que parezca, la soledad entonces está bien gestionada. Y sucede que esta pasa de ser un sentimiento de amenaza a un sentir aquietado, al igual que le sucede al agua del mar cuando está en calma.
Cuando nuestro cuerpo no tiene hambre y está todo lo sano que puede estar en el actual modelo de vida, la observación es el verdadero antídoto de la soledad y la carencia. Es por ello que lo primero será revisar la base corporal y comprobar si a nuestro le cuerpo le falta o sobra. Más tarde y sintiendo que nuestra red emocional de afecto y pertenencia está viva, llega la hora de observar nuestra cabeza. Una observación sutil y afinada desde la que por el simple hecho de observar, brotan espontáneos nuevos pensamientos por los que recuperamos la paz que éramos y somos al venir de fábrica. A poco que indaguemos, comprobaremos que es el pensamiento quien con sus películas genera los sentimientos de carencia.
El sentimiento de soledad es una emoción que en el ser humano aparece con la sana intención de proteger nuestra supervivencia. El aislamiento durante miles de años ha sido la antesala de la muerte y si no, como mínimo de un deterioro que no mejora la existencia. En realidad, si en algún momento de nuestra milenaria historia nos vimos alejados sin remedio de la propia manada, lo más seguro es que terminásemos por ser comidos por alguna criatura cercana.
El aislamiento en el mundo animal y personal equivale a patología. Y ante las primeras alarmas que éste desencadena, reacciona nuestra parte instintiva haciéndonos sentir tan incómodos que nos vemos obligados a hacer “lo que sea”, con lo cual “salimos por patas” y tratamos de rellenar el agujero de nuestra carencia.
Sin embargo no estamos en la Edad de Hierro, sino en la Era de la Consciencia. Y eso significa que una vez activadas todas las alarmas que nuestro rinoencéfalo dispara, alarmas que señalan peligro y amenaza de pérdida, se pondrá en marcha otro circuito de mayor complejidad. Y ahí es donde podemos hacer algo al respecto, sobre todo si nos entrenamos, bien sea escribiendo, compartiendo y enfocando en el darnos cuenta. Podremos ser visitados por la soledad, pero también podremos ser expertos en gestionarla.
Una vez establecida una eficaz gestión ante la misma, la soledad pasa a ser una bendición, precisamente porque nos permite ese silencio que requiere la observación sentida, y darnos cuenta de los brotes intuitivos que conducen a la comprensión, al tiempo que inspiran inspiran nuestra vida creativa.
Indaguemos en la soledad que presiona cuando aparezca, y comprobemos que merece la pena atravesar las primeras capas. Lo más probable es que tenga que ver con la carencia afectiva, el abandono y la gama de rechazos alojada en nuestras memorias de pérdida. Y aunque eso ya lo hemos visto muchas veces atrás. ¡Atención!. Un día las cosas cambian. ¿Acaso cuando el agua comienza a hervir no se debe a la llama previa, perseverante y silenciosa?
Observemos cómo cuando surge la angustiosa presión, tratamos de resolverla, activando nuestra red clave de personas. Lo más probable es que sea una persona concreta con la que habitualmente aliviemos la cosa. Sabemos que esta angustia tarde o temprano pasará, pasará incluso sin dejar huella. Así que sobre la marcha resolvemos el momento y lanzamos un sms, o bien una llamada telefónica, y a veces, ¿por qué no? Ponemos en marcha una visita directa. Sucede que conforme vamos compartiendo lo que nos pasa, sentimos que la agudeza aminora. Pues bien, estas y otras conductas son plenamente legítimas, tan legítimas como lo puedan ser la compañía en un duelo o nuestras alianzas para el crecimiento o la caza.
Bien sabemos que todo este “tinglao” de paliativos, poco resuelve la raíz del problema. En realidad como supervivientes emocionales reforzamos los circuitos de adicción y dependencia. No importa, nos decimos. Si un día esa persona no está, no hay dinero, o falta lo que ahora sirve para soltar la carga, lo más probable es que nuestros momentos de amenaza estén también más resueltos y nuestra acción sea más sabia. Y en el peor de los casos, si hace falta un alguien o algo, seguro que entonces tendremos la capacidad de resolver sobre la marcha.
Sin embargo, ¿hemos indagado qué sucede si cuando llega la punzada de la soledad, nos detenemos y respiramos sintiendo nuestra corporalidad entera? ¿Qué sucede si acrecentamos el enfoque sobre el meollo de la tensión misma? ¿Qué sucede si miramos entregados al origen y conjunto de lo que más duele? Lo más probable es que respirando conscientes y en atención plena, disolvamos fantasmas, y constatemos que en el ahora no hay de qué huir o luchar, ni siquiera hay amenaza alguna.
Para atravesar la soledad no obstante, no dejemos de lado los masajes, el sexo, el ejercicio, la buena comida, la ocupación creativa, los vínculos sinceros, la gestión altruista, el silencio fértil y la presencia del alma. Preguntémonos a menudo, ¿dónde está ahora mi mirada interna? Con esta pregunta formulada una y otra vez a lo largo del día, descubriremos en qué estamos pensando, y evitaremos que la mente active la “red por defecto” y vague negativa y dispersa.
La ociosidad tan históricamente denostada, no es otra cosa que vivir ajeno a la consciencia de lo que ahora está sucediendo en el eje movilizador de nuestra cabeza.
Mantengamos el enfoque centrado en la raíz de lo que sentimos, da igual lo que aparezca. Nada buscamos que no sea mirar. Miremos y sucederá que si persistimos los segundos necesarios, nos veremos presentes viviéndonos en quietud y plena consciencia.
Y este sentir es algo tan grande en nuestra vida que nos permitirá disolver el desamparo o en su caso, aprender a vivir con él, ya que la raíz del dolor cuando está bien vista, no hay vuelta atrás. Viviremos la alegría de ser en la corriente de compasión e inteligencia creativa.
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Ya hay 7 respuestas a este artículo
lola
23/01/2012 - 12:42
La Vida es sorprendente, y la naturaleza si la observamos, como dice Miguel Herrero , en” El alma de los árboles….”
a los árboles no les gusta la soledad “…y por ello, se llegan a clonar para crear un hábitat y sostenerse mejor ante los vientos y climatología.
…“Al abedul le gusta crecer en lugares abiertos, y bajo su protección pueden desarrollarse castaños, robles y hayas que consolidarán el bosque, mientras la siguiente generación de abedules sigue buscando nuevas y más alejadas zonas para cubrirlas de árboles.
Es una hermosa forma de gestionar la soledad, no luchando o rindiéndose a ella, sino… portando Vida.
Si observamos y mantenemos la Presencia en algo tan Grandioso como es la Naturaleza, descubriríamos que la Soledad no existe.
Otra cosa es la carencia de sentido y propósito de nuestra vida, que pudiera confundirse con soledad.
Quien tiene un Proyecto tiene el mejor regalo.
….Aunque también existe una forma sencilla de darnos cuenta en esta era de consumo :
¿porqué nadie piensa en la muerte cuando está en un supermercado??.
paco
23/01/2012 - 16:18
buey solo , bien se lame.
MAC
23/01/2012 - 18:59
¿Qué puedo decir de mi soledad, Josemaría?
Volverás mañana
Como yo me iré algún día
Sin decir nada, besando todo.
Graacias por ser, estar y parecer.
Merce
25/01/2012 - 10:49
Gracias por compartir todo esto. Me siento muy identificada.
Pues estoy aprendiendo a gestionar mi soledad y el sentir que esto no me pasa a mi nada más, me ayuda bastante a intentar entender, lo que estoy sintiendo y soy incapaz de pararme a ver.
Soy la que se siente incómoda cuando se enfrenta a ese vacío y lo intenta llenar con lo que sea.
En fín … seguiremos trabajando para seguir aprendiendo a gestionar todas estas emociones.
Por ahora estoy contenta, porque de un tiempo a esta parte he conseguido verme, que hace poco no existía para mi misma.
Gracias de nuevo
Iris
30/01/2012 - 23:43
Sólo hay dos instantes de plena soledad en la Vida…el paso del umbral a nacer o a morir.
Instantes por cuestión de milésimas de segundos,ya que siempre hay una mano o luz que te guía , acoje o acuna…por muy sútil que sea,siempre hay, sólo dos instantes de soledad.
El resto … el creerte, sentirte o estar y parecer en soledad ,es un patrón del Ego que grita un sentimiento ireal de abandono.
Sólo cuando el “yo soy ” se convierte en “somos” desaparece esta sensación de unidad para vivir con todo.
Iris.224
31/01/2012 - 13:31
Sólo existen dos instantes de soledad , el momento en que pasas el umbral de la muerte o del nacer.Y todavia, ni así ,estas del todo solo.Siempre hay una mano o una luz que te espera al otro lado de la puerta…que te abraza , te acuna o te guia.
La soledad es un sentimiento de abandono, por sentir , estar y parecer que estas fuera de la Unidad.Ello es un autoengaño del Ego, que no deja salir a flote tu Ser.
Cuando el ” Yo soy” se convierte en ” Somos”, la soledad se convierte en una palabra sin sentido…
Namasté
Film
01/02/2012 - 23:15
A veces es mejor estar solo que mal acompañado.